La piscina (la conquista del hueco)

Tal y como lo dejamos en el anterior post, mi anhelada piscina estaba ante mí. Sobre dos docenas de jubiletas okupaban la piscina. Entré con determinación, paso fuerte, que no sintieran mi miedo.

Entré tan confiado que olvidé que la ducha estaba en la salida del vestuario, con cierta indiferencia, me giré y volví sobre mis pasos, nadie lo notó. Una vez remojado, empezó la lucha mental, tenían que ver que era fuerte.

De inicio me senté frente a la piscina, mirando como halcón que busca su presa. Observé que la piscina estaba dividida en cinco zonas y la mayoría de la pipol se concentraba en una esquina, estaban de cursillo. Okupaban dos zonas. Bien por mi, en la tercera y cuarta zona, descubrí gente de mi edad que nadaba cual mark spitz, tampoco eran presa para mi. Sólo me quedaba la última zona, la mas ancha, dónde nadaban y resoplaban cinco jubiletas.

Esas eran mis presas, con cierto aplomo, me introduje en el agua, nada de escalera, por el bordillo, que acojona mas, lo hice bastante rápido, para generar inquietud, tendré que contaros que yo tardo entre cinco y diez minutos en aclimatar mi cuerpo al frío del agua. Ya estaba aquaman en su espacio vital.

El primer largo lo hice esquivando a un par de ellos, casi sin tomar aire, para que pareciera decidido. El problema fue cuando llegué sin aliento al otro bordillo, me tiré mis buenos cinco minutos para dar la vuelta y recuperar el aliento.

El segundo largo fui mas despacio, da igual, aún así esquivé a los otros tres. En cinco minutos huían de aquaman. La zona quedó entera para mi.

En fin, este fue mi primer día, después de media hora haciendo que nadaba, me retiré al vestuario, había triunfado. Había conseguido mi hueco. Ayer repetí en Zorroza y hoy, he probado el fango, hoy me he hecho rápido con el hueco. La experiencia es un grado.

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