La piscina

Después de mi última cita con el médico, no la ÚLTIMA, que mas quisiera, sino la última a la que acudí, me recomendó que me apuntara a la piscina.

Como buen paciente me apunté a los polideportivos municipales de Bilbao la semana pasada.

El miércoles pasado, en una escapadita me fui a ver que pinta tenían el del fango y el de zorroza. Cual pardillo, me introduje en este mundo. Las dos piscinas que oteé estaban hasta arriba de jubiletas que campaban a sus anchas por las transparentes aguas cloradas.

Aún con ciertos recelos, el lunes, me puse el bañador, me cogí una toalla, chancletas y el gorro. Subí al fango y la piscina estaba cerrada por avería, el destino se aliaba para que no pudiera colonizar un hueco en la atestada piscina.

No desistí y bajé a la de zorroza, el comienzo estuvo a la altura de mi experiencia. Entré con mi cara de pardillo y fui directo a otear si la piscina seguía llena de jubiletas ..., ¡horror!, había hasta un cursillo de natación ... Me dije que era demasiado y que quizá al día siguiente ..., la diosa fortuna me diera cancha.

Mi cara de pardillo llamó la atención de la amable trabajadora del polideportivo y fue a mi encuentro, la verdad, aquella cara mitad desesperación y mitad pardillo debía destacar frente a una cristalera, detrás de la que se encontraba mi ansiada piscina.

Me dijo que si necesitaba ayuda y le conté la verdad, mi desesperación era mucha y mi orgullo estaba de vacaciones, así que le dije que era el primer día y que no tenía ni idea de cómo utilizar la piscina, a lo cual, ella me explicó que los cursillos son en una pequeña parte y que sólo faltaría que la gente no pudiera utilizar la piscina. Chavala muy maja.

Así que me introduje en los vestuarios, me planté mi bañador, mi gorro, mis chancletas y me fui directo a encontrar mi hueco en aquel paraíso jubilar.

Esto lo dejo para mañana, sólo deciros que hoy, he repetido. :-D

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