Tramposo es el que hace trampas

El domingo, sobre las siete y media de la mañana, mientras daba una vuelta a púas y él estaba a sus cosas, sus olores o leyendo el periódico, como dice el adiestrador Ricardo Antón, estaba ojeando Twitter y como siempre, allí estaba ya Mikel, desde hacía tiempo y estaba con su habitual batería de enlaces, entre ellos, descubrí, A Virginia, de Juan Ignacio Pérez. La verdad, era un reproche pero sin serlo, un si es, no es. La semana anterior, Virginia Berasategi, confesó que el positivo que le habían comunicado en el Triatlón de Bilbao era cierto y dijo que se dopó con EPO. El lunes escribió Iñaki sobre ello. Se queda con una sensación agridulce y desde luego, sin entenderlo.

Conocí a Virginia en la Tertulia Bilbaina, me dio mucho mejor impresión de la que tenía, tuve un par de desencuentros por la carretera, aunque al final pasa como en el fútbol, lo que pasa en la carretera, se queda en la carretera, ;-). Al contarte sus carreras y sus experiencias, notabas que lo vivía con mucha pasión y como dice mi señora, no hay nada mejor que dedicarse a tu hobby.


Cuando se conoció el positivo, mantuvimos una conversación vía twitter, algunos asistentes a la tertulia y creo que todos veíamos que la cosa pintaba mal, cuando se confirmó, otra vez, otra conversación con sensaciones encontradas.

Puedo llegar a entender que cuando estás en la flor de tu carrera, te dejes seducir por la trampa, que el oasis de futuros loas y triunfos te ciegue y que poniendo en riesgo tu salud, recurras a sustancias ilegales para mejorar tu rendimiento, en este mundo, todos tenemos un precio. Pero lo de Virginia no llego a entenderlo, el último escalón de tu carrera, algo voluntario, sin ninguna recompensa ... No lo entiendo.

No me gustan los tramposos, no me gusta la gente que coge atajos para llegar a la meta y adelantar a los que hacen la carrera completa, no me gustan los jetas. Tampoco me gusta que se relacionen ciertos deportes con el dopping, el más claro ejemplo, el ciclismo o en este caso, el triatlón. Y si puede haber sanción de alguna manera para el que la hace, que la pague. Hasta ahí, todo claro, cada palo que aguante su vela y cada uno que afronte sus éxitos y sobretodo, sus fracasos.

Me he educado en un colegio de monjas, creo que cada vez me quedan menos cosas de las creencias que tenía, el ser humano me decepciona día a día y cada vez tengo menos motivos para creer, gracias a Dios, siempre hay alguien que me emociona y me hace descubrir que aún se puede tener esperanza en el futuro del ser humano.

Pero hay cosas de esa educación que te quedan  y no creo que se olviden nunca, una de ellas es el acto de contrición y si ella pidió perdón, la sociedad tiene que perdonarla, ella sabe la culpa que tiene y tendrá que cargar con ella toda la vida y sobretodo, con la duda sobre sus éxitos, que eso, será lo peor que tendrá que soportar. Siempre tendrá un dedo sobre ella que la apuntará, pero prefiero mil veces a un dopado que lo admita que a un dopado que eche la culpa a los solomillos del carnicero de Irun.

Con todo, tengo una gran decepción.

Salu2

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